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15/08/2018 02:17

No deje que los gritos se vuelvan una costumbre en su hogar

Este es un tema que nos concierne a todos. No es necesario haber crecido en una familia de gritones; sin embargo, hay muchas familias cuyos miembros se gritan unos a otros todos los días y las consecuencias psicológicas a corto y largo plazo no son buenas. Si usted ha experimentado esto con su familia, sabrá de lo que estoy hablando.

Los gritos impactan a los niños

Primero, cuando usted grita, le está enseñando a sus hijos que los gritos son una respuesta natural a cualquier situación cargada de emociones. Como consecuencia, ellos no aprenderán a lidiar de forma efectiva con sus sentimientos de ira, ya que la ira está generalmente asociada a los gritos.

En segundo lugar, los gritos asustan a los niños y mientras más pequeño es el niño, más se asustará, y mientras más asustado esté, menos capacidad tendrá de pensar en su mal comportamiento. Si un niño no piensa en el error que cometió, nunca podrá aprender a enmendarlo.

En tercer lugar, si le grita a un niño antes de la edad de 3 ó 4 años o antes de que desarrolle completamente su lenguaje, entonces aprenderá a reemplazar su vocabulario con gritos. En resumen, un niño no podrá aprender vocabulario útil para expresarse cuando siente miedo y en vez de aprender una lección de forma natural y con consecuencias apropiadas y asociadas con su error, más bien aprenderá a tener miedo. Los niños temerosos a menudo se convierten en adultos temerosos. Otras veces se convierten en gritones.

Sentimientos de impotencia

Muchas veces los gritos son causados por sentimientos de impotencia, es un signo de que un padre no conoce ninguna otra alternativa para poder lidiar con sus sentimientos en ese momento. La impotencia es un sentimiento muy poderoso y cuando el cerebro sientes esas señales, hará lo posible para reducirlas. El antídoto para la impotencia comienza con un proceso de 4 pasos, que ayudará a reducir o detener la costumbre de gritarle a sus hijos:

Primero, hágase la promesa articulada, seria y si es posible en voz alta, de dejar de gritar.

Segundo, comprométase a aprender las herramientas necesarias para reemplazar los gritos con respuestas efectivas. Los padres que aprenden a manejar sus reacciones emocionales, también aprenden a no gritar.

Tercero, si su forma de reaccionar se convierte en un problema para usted, considere invertir en una terapia con un psicólogo profesional.

Cuarto, aprenda y aférrese a este nuevo pensamiento como herramienta o guía para ayudarlo a tomar la decisión de dejar de gritar: No hay nada que un niño haga o deje de hacer que necesite que le griten, a menos que el grito sea para salvar su propia vida.

Redactado por el Psicólogo Clínico, Ernesto Secaira

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